En el corazón de Tequila, nuestra fábrica reúne producción, conocimiento y espacios pensados para acercarte al tequila de una manera única. Un lugar donde puedes descubrir lo que sucede detrás de cada botella y vivirlo de cerca.
En La Catedral creemos que un buen tequila no se apresura. Cada etapa tiene su tiempo, su manera y su propósito. Desde la llegada del agave hasta el último paso, cada etapa se trabaja con precisión, cuidando aquello que realmente hace su diferencia
Todo comienza con la llegada de las piñas de agave. Aquí se reciben y seleccionan cuidadosamente antes de iniciar su transformación.
Las piñas entran al horno, donde el calor y el tiempo transforman lentamente el agave, preparando sus azúcares y desarrollando los aromas y sabores que darán carácter al tequila.
Una vez cocida la piña, se corta y pasa a molienda. En esta etapa extraemos sus jugos y separamos las fibras, recuperando todo aquello que la cocción ayudó a liberar.
Los jugos obtenidos pasan a los tanques de fermentación, donde comienza una transformación que necesita tiempo y cuidado. Los azúcares del agave se convierten naturalmente y empiezan a formar los aromas y características que más adelante definirán la personalidad de cada tequila.
Con la primera destilación comienza un proceso de concentración y depuración. A través del calor separamos y recuperamos los componentes que nos interesan, llevando consigo los aromas y sabores que se han construido desde la cocción y la fermentación.
Cuando el tequila pasa por barrica, la madera comienza a aportar aromas, color y notas particulares a su sabor. El tiempo de reposo dependerá de cada tipo de tequila, permitiendo obtener perfiles distintos sin perder la presencia del agave.
De la jima a la destilación, cada etapa está en manos de personas que conocen el agave y su transformación. Maestros tequileros, jimadores y nuestro equipo de producción trabajan en conjunto, aportando conocimiento, precisión y cuidado a cada elaboración.